Centros Turísticos
San Martín puede considerarse como un municipio con un promisorio porvenir turístico ya que grandes son sus posibilidades si se presentan proyectos capaces de interesar a los posibles inversionistas locales: iniciativa privada, ejidos o empresas cooperativas. La cabecera municipal cuenta con los servicios más importantes como un hotel, sencillo pero muy confortable y económico, restaurantes, mercado, un gran número de tiendas excelentemente surtidas, doctores, farmacias, mecánicos, gasolinera, terminal de autobuses, servicio urbano y semiurbano eficiente y banco. Cuenta también con dos balnearios rústicos
Artesanías
Son muy apreciados los muebles de madera elaborados por carpinteros y ebanistas de San Martín. La talabartería y la elaboración de huaraches tradicionales son productos que destacan en la actividad artesanal local.
Gastronomía
De sus alimentos destacan la birria, muy apreciada por los más delicados conocedores; el pozole, los tamales, los sopes, las enchiladas y el mole; de sus bebidas, el atole blanco y los de sabor y los vinos de agave (mezcal y tequila). Se han perdido un poco los ponches que eran muy comunes en todo tipo de fiestas familiares durante la primera mitad de este siglo. Dominaban los de granada, tejocote y naranja; y de sus dulces, los de calabaza, camote, los huesitos de leche, el “ponteduro” y los cacahuates garapiñados.
Fiestas Populares
Las fiestas de San Martín se llevan a cabo del 3 al 11 de noviembre con serenatas, carros alegóricos, jaripeos, corridas de toros, peleas de gallos, eventos deportivos y culturales, venta de artesanías y quema de juegos pirotécnicos.
San Martín de Hidalgo cuenta con 3 circuitos turísticos:
Primer Circuito
Incluye la visita al Centro Histórico de San Martín, en sus casas del siglo XIX (algunas muy interesantes), la Capilla de la Conchita (siglo XVII), especialmente atractiva por su fachada y torre, reconstruida posteriormente y la Imagen Venerada de San Martín Caballero.
Recorrer las calles de Hidalgo, Obregón y la de Libertad desde el puente sobre el río hasta su terminación después de Ramón Corona permite conocer numerosas casas de arquitectura muy propia, casi genuina sanmartinense, muy típica de la arquitectura vernácula de principios de este siglo.
El Panteón de San Martín es incomparable, sin par, y, seguramente, el más interesante del occidente de Jalisco por su Mausoleo y la muestra de tumbas porfirianas en excelente estado de conservación. Su diversidad es tal que merece, por sí sola, su visita. En pocas palabras, el monumento más interesante de San Martín.
Después se puede tomar el camino de Los Vergara para visitar el Cristo de Moya, imagen muy venerada en la región, objeto de disputas entre la capilla local y el Templo Parroquial.
Enseguida, por un camino muy agradable bordeado de centenarios mezquites, hay que dejarse llevar hasta La Labor de Medina y su exhacienda, de la que muy poco queda, pero sin embargo, deja apreciar su anterior prestancia. Sólo sobresale la puerta de la capilla antigua, algún contrafuerte, unos pilares y los vestigios de este importante dominio que, desde la época colonial asentó sus bases en este típico lugar.
Continuando por el mismo camino, se llega a “La Hacienda” como familiarmente le llaman todavía los sanmartinenses, en recuerdo de la vigencia que tuvo “El Cabezón”, centro del mayorazgo de los Cañedo. La capilla (siglo XVIII), vale la pena por su retablo de madera tallada y policromada, su fachada y su patio.
Aunque perteneciente al municipio de Ameca, “La Hacienda” está muy ligada al corazón de los sanmartinenses que, hasta la fecha, recorren, a pie el día de la Candelaria, los ocho kilómetros que separan San Martín de la imagen venerada de la Virgen del Rosario.
En el camino hacia Guadalajara, se tendrá el cuidado de entrar por el entronque a Buenavista hasta el templo parroquial, verdadera maravilla por sus doce apóstoles de cantera tallada que rodean el atrio, su fachada realizada sobre un proyecto original de Tres Guerras, el famoso arquitecto guanajuatense, y su interior muy interesante.
La hacienda, otrora famosa y opulenta, hoy, se encuentra muy destruida, conserva sin embargo, rasgos importantes del lujo que reinó en esta finca durante el porfiriato.
Tomando la carretera que lleva al Crucero de la Cofradía, al llegar a la altura de la población de Aguacaliente, se desvía, a mano derecha, para seguir a lo largo del canal, la terracería que conduce a El Salitre, el “Huánsito” de los prehispánicos, cuya hacienda que fuera brevemente convento jesuita, allá a mediados del siglo XVII, ha sufrido tantas transformaciones que ha perdido su esencia original, ya ni el templo parroquial conserva alguna muestra del paso de los jesuitas por esta comunidad. Vale la pena recorrer el pueblo, ver el templo, la puerta del panteón viejo y algunas casas interesantes.
Segundo Circuito
El Tepehuaje representa la primera etapa de este viaje visitando la Iglesia Parroquial con su torre del siglo pasado y su imagen Venerada del Señor de El Tepehuaje, muy milagrosa como lo pueden comprobar sus vecinos.
El Tepehuaje, cuenta con algunas casas rústicas de interés peculiar.
Sin embargo, lo más interesante de este pueblo lo constituye su gente dotada de la vena poética tan especial que las “Veladas” locales se transforman en toda una experiencia de canto, música, cuentos, vivencias huajeñas dignas de constituir un tomo especial único en su género.
También es digna de mencionarse la presa, que si bien hasta la fecha se ha dedicado al riego y a la pesca, pudiera, previa autorización de los dirigentes de la Unión de Pescadores, transformarse en un lugar turístico interesante con un "trailer park" y terreno de acampado a corta distancia de la cabecera municipal y a pie de carretera. Un proyecto que se debe analizar con detenimiento. Más delante de El Tepehuaje se encuentra el crucero que conduce a Palo Verde, una pequeña comunidad que tiene la peculiaridad de contar en el lecho de sus arroyos con restos de animales prehistóricos como mastodontes y gliptodontes de los que se han encontrado varios caparazones.
El Profr. Tito Camacho junta en su casa a manera de pequeño museo, gran parte de lo encontrado en la zona rescatándolo del vandalismo y de la venta al extranjero. Un recorrido por estos arroyos, aparte de agradable, puede resultar de gran interés científico.
Continuando por la misma terracería, se llega a San Jacinto, afamado también por su Cristo, el Señor del Encino que, año con año, atrae grandes multitudes de fieles para pedirle o agradecerle su ayuda.
Toda esta zona, Camajapita, San Jacinto, Jesús María y Río Grande son poblaciones sencillas que vale la pena recorrer, donde se pudieran implementar recorridos a caballo a través de los bosques y arroyos existentes con su flechado apropiado, antes de llegar a Santa Cruz de la Flores, el “Pueblo Viejo” de los ancianos, la población más antigua del municipio que, sin embargo, no ha conservado nada de su aspecto original si no son sus calles de subida y bajada que le dan un sabor tan peculiar. Destacan algunas casonas del siglo pasado y la Capilla antigua con pinturas murales y algunos accesorios muy originales.
Sus desfiles del 16 de septiembre no tienen comparación en toda la región por su importancia y organización con carros alegóricos cuyo número iguala solamente lo vistoso de una manifestación popular poco común.
Tercer circuito
Este incluye una verdadera belleza de la naturaleza: la Sierra de Quila y su cumbre el Huenhuentón (2470 metros), saliendo por la terracería de Ipazoltic se toma a mano izquierda el camino que conduce a San José Miraville y las ruinas de la hacienda que, a principios de siglo, fue importante productor de vino de mezcal. Poco queda de esta finca, sólo detalles propios para el fotógrafo aficionado. Vale la pena visitarla.
San Jerónimo, población muy típica, aferrada a los flancos de la colina, dispersas sus casas para dar, a lo lejos, una impresión de majestuosidad campirana poco común.
Enseguida empieza el camino difícil pero ¡Oh! Cuan romántico de continua subida entre árboles y arroyos. Paisajes de gran belleza dominando todo el valle de San Martín hasta Ameca, Cocula, Tala y el Volcán de Colima. De verdad que este recorrido debe hacerse con tiempo para gozar de manera muy especial cada curva del camino. Lagunillas, aldea típica, es el puerto de llegada, de sencillas construcciones donde el adobe y la madera se acoplan perfectamente. Enclavada entre los bosques y cerros, pudiera transformarse en un gran lugar turístico tan propio para la organización de un gran número de actividades relacionadas con el aprovechamiento de las bellezas naturales genuinas de estas zonas: circuitos ecuestres o pedestres, pesca, fotografías, interés científico, y sobre todo, descanso a más de 1970 metros de altitud respirando un aire simplemente puro.
El Cobre y La Mesa del Cobre son agencias muy chicas pero que pueden ofrecer las mismas posibilidades ecoturísticas. La hospitalidad propia de los habitantes de las serranías son la mejor garantía de éxito para pasar uno o varios días alejado de ruidos, contaminaciones y presiones.
Otros puntos
Por fin, queda la pequeña porción norte del municipio que incluye Ipazoltic con el paseo a La Peña y a La Laguna de la Uva que después del temporal de las aguas resulta muy interesante para quienes gustan de randoneos a pie, a caballo o en bicicleta. La Presa de Tonchincalco es otro punto que puede resultar interesante para pesca, balneario y canotaje.
Durante el sábado de “Tianguis” que se instala el sábado anterior a la Semana Santa, se pueden apreciar los cacomixtles, los tamales de “Cuala”, los elotes enmelados, el pinole y otros que se pueden deleitar sólo durante esta corta temporada.