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Orígenes e historia de la música jalisciense y sus compositores

CATEGORIA: Pueblos y Rincones

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Crónica de la música jalisciense

Desde épocas precortesianas existían, en lo que ahora es Jalisco, instrumentos de percusión y alientos. Existían también escuelas llamadas mixcoacalli, en las que los jóvenes (hombres y mujeres) se enseñaban a cantar, tañer sus instrumentos y a danzar. Tiempo después con la llegada de Hernán Cortés, llegaron también los instrumentos de cuerdas que tanto los soldados como los religiosos traían consigo, mismos que con el tiempo llegaron a las manos de los indígenas quienes poco a poco aprendieron a usarlos. Así durante ese tiempo el arte musical en la Nueva España tuvo dos medios de difusión: los cantos religiosos y la música popular.

En el siglo XVIII y el siglo XIX, permanecieron estas dos corrientes hasta que nace una tercera: la música clásica mexicana, con Manuel M. Ponce y sus contemporáneos, de quienes hablaremos más adelante. De regreso en la colonia, el pueblo, en sus ferias, cantaba sus aventuras, guerras y amoríos con sonidos enriquecidos por la influencia de la música popular de la península ibérica. Estas piezas eran en muchas ocasiones bilingües ya que utilizaban el castellano y su lengua indígena.

La riqueza de esta música comenzó a tomar forma durante el siglo XVI cuando se gesta la transformación de lo que más tarde sería la música virreinal, que entre criollos y mestizos se compondría marcando su particular sello de mexicanidad. En el reino de los Tarascos (Michoacán y Jalisco se cultivó de manera espacial la música, y su primer evangelizador fray Martín de Jesús (1525) inició con alabanzas y cánticos que se armonizaban con vihuelas, guitarras y arpas. En este tiempo mientras transcurría la segunda mitad del siglo XVI, el músico mexicano comenzaba a encontrar trabajo en iglesias, teatros y festejos particulares, haciendo de esta práctica su medio de supervivencia, con lo que se establece en México el oficio de músico.

Al arrancar el siglo XVII en la música virreinal mexicana se puede apreciar cómo la fusión de dos culturas va consolidando en una raza con expresiones propias, con canciones que contienen en su expresión melódica las influencias europeas animadas con ritmos mexicanos, convirtiendo a esta época en la cuna de los sones, las valonas y los corridos, composiciones en donde por primera vez se percibe el alma melancólica del indígena menospreciado y del sufrido moro.Un siglo más tarde, en la colonia, el movimiento musical se extendió a las actividades teatrales, la enseñanza particular a domicilio, la música popular y la creación de instrumentos.

Además en este siglo encontramos a uno de los compositores más destacados: José Ignacio Jerusalem, artista que enriqueció a las composiciones religiosas de ese siglo, mismas que se conservan en el Archivo de la Catedral de México. La cantata a la primavera, de Jerusalem, que se encontraba en el Archivo de Música de la Catedral de Guadalajara, fue rescatada por el maestro Jesús Estrada, y en 1975 editada por el Departamento de Bellas Artes de Jalisco. Tanto en la capital como en las provincias, la enseñanza particular de la música, era considerada indispensable entre la buena y la culta sociedad novohispana. Aunque no tuvo trascendencia en cuanto a la generación de grandes compositores, si contribuyó a fomentar el gusto por la música y fue considerado como uno de los mejores pasatiempos.

En el siglo XVIII la Nueva Galicia no difería de lo que hasta aquí se ha mencionado, basta con revisar el notable contenido de partituras de este siglo en el Archivo de la Catedral de Guadalajara.A principios de 1800 la inestabilidad política del país, a causa de la guerra de Independencia y todas las revueltas y levantamientos entre liberales y conservadores que le siguieron, afectaron al desarrollo de la música en nuestro estado. Sin embargo en las décadas de 1830 y 1840 don José González Rubio se haría cargo, en Guadalajara, de la formación de los músicos jóvenes, entre los que de pronto destacó el niño Clemente Aguirre. 

La capital de Jalisco contaba, por entonces, con gran actividad de bandas de alientos, de las que destacaban la del XXV Batallón, de la Escuela de Artes y Oficios (que algunos años quedó bajo la batuta de Aguirre), la del Hospicio Cabañas y la de la Gendarmería, la cual años después se convertiría en la Banda de Música del Gobierno del Estado de Jalisco. La construcción del Teatro Alarcón y su estreno, en 1866, con la actuación del ruiseñor mexicano, Ángela Peralta, constituyó un acontecimiento que vino a enaltecer el culto de la música en Guadalajara.

Resumiendo, son las bandas de alientos, las zarzuelas y los conciertos que se presentaban con periodicidad en el más tarde llamado Teatro Degollado, y la música salonesca en el ambiente familiar, las vertientes por las que se desarrolló el panorama musical de Guadalajara del siglo XIX. En las últimas décadas de 1800, Jalisco reflejó en sus compositores el estancamiento producido por la preferencia que el público mostraba hacia los cánones y estilos europeos, lo que orilló a los músicos a emplearse en este tipo de canciones y no les permitió desarrollar un estilo original. Tal fue el caso de Clemente Aguirre, Arnulfo Miramontes, Benigno de la Torre y otros, que a pesar de ser excelentes músicos conocedores de su oficio, no tuvieron une expresión musical propia, ya que su música es muy parecida a la de autores como: Chopin, Strauss, Waldteufel, etc.

El siglo XX, sin duda cambió el curso de la humanidad en todos sus aspectos y fue en este siglo cuando apareció el responsable de orientar a los nuevos músicos hacia el rumbo que tomaría la música clásica mexicana: Manuel M. Ponce, quien comenzó el movimiento que se bautizara con el nombre de nacionalismo. La obra de Ponce contiene elementos de las melodías de las canciones populares mexicanas, género que cultivó en grado excelente; iniciando este movimiento, una proliferación de compositores le siguieron en esta línea, entre ellos el maestro José Rolón, uno de los músicos jaliscienses más destacados de la historia.Fue a los catorce años cuando escribió su primera versión de su ballet El Festín de los enanos, que el maestro Rolón se convirtió en un distinguido músico con claras tendencias que lo identifican con el nacionalismo de la música que se hacía en la capital del país.

Y aunque no toda su obra está enmarcada en esta tendencia, ya que en algunas de sus obras se advierten influencias del impresionismo y del romanticismo, en sus últimas composiciones retoma los rasgos mexicanistas, tanto en la elaboración lineal temática, como en la orquestación en la que los instrumentos de aliento, metales y percusiones tienen un papel muy destacado. Su poema sinfónico Cuauhtemoc (1929) y el Concierto para piano (1935), determinan estas preferencias por las que se puede clasificar a este compositor jalisciense como uno de los más representativos del nacionalismo.

Además de marcar la corriente que seguirían los músicos de occidente por algunas décadas,  José Rolón jugó un papel muy importante en el desarrollo de grupos, espacios y organizaciones que propiciaron el desarrollo musical de nuestro estado. Así pues en 1915 Rolón impulsaría dos pilares de la música jalisciense, la Conciertos Guadalajara A.C y la Orquesta Sinfónica de Guadalajara que 73 años después se transformaría en la Orquesta Filarmónica de Jalisco. Conciertos Guadalajara surgió tras la unión –por iniciativa de Rolón- de un grupo de jaliscienses interesados en la divulgación de las bellas artes en la ciudad y formaron la Asociación de Conciertos.

Más tarde en 1954 cambió su nombre por el de Amigos de la Música y tomó su nombre definitivo en 1950 cuando esta organización tomó el nombre que conserva hasta estos días: Conciertos Guadalajara.Dos años después de que se formara esta organización surgió una escuela que hasta estos días continúa siendo el más grande semillero de músicos del estado, la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara comenzó a gestarse en 1907 cuando la Academia de Música de Guadalajara abrió sus puertas, en lo que hoy es la Av. Alcalde y tenía entre su cuerpo académico a músicos como Benigno de la Torre y Félix Bernardelli. Más tarde en 1937 apareció una Escuela de Bellas Artes en la que se impartían las materias de piano, canto y violín, pero no fue hasta 1952 cuando el rector Jorge Matute Remus creó la Escuela de Música, la cual sigue formando jóvenes músicos en la escena musical del estado.

Hay que mencionar que para este entonces ya habían surgido otras academias musicales en Guadalajara; en 1944 apareció la Academia de Música de áurea Corona, donde fungió como maestro Domingo Lobato. Además en 1917 existían ya la Escuela Normal de Música de Jalisco y la Escuela Litúrgica de Órgano, entre otras tantas. Casi 15 años antes de la formación de la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, en 1936 se formó otra de las escuelas que siguen dando frutos hasta nuestros días: la Escuela Superior Diocesana de Música Sagrada de la Arquidiócesis de Guadalajara, la cual surgió con el propósito de capacitar a elementos para el desempeño del canto en la acción litúrgica.

Volviendo al tema de nuestros músicos del siglo XX y el movimiento del nacionalismo, el compositor laguense Antonio Gomezanda muestra su influencia por la mexicanidad en sus Danzas Mexicanas para piano y orquesta y en la suite La fiesta del fuego y la Fantasía mexicana, desgraciadamente en la actualidad su obra ha quedado en el olvido de los nuevos intérpretes. Le siguen en esta línea Blas Galindo y José Pablo Moncayo, quienes sobresalen con la vistosidad y colorido de su orquestación.

Los Sones de mariachi, de Galindo, y Huapango, de Moncayo, han recorrido en triunfo las salas de conciertos de más prestigio del mundo, llevando en sus notas el paisaje de la región y los sentimientos de sus habitantes.Cabe destacar que no todos los jaliscienses involucrados en la creación musical han sido nacionalistas. Por ejemplo José F. Vásquez no siguió las particularidades que distinguen a la escuela mexicanista.

En sus obras: Acuarelas de viaje, sinfonías y conciertos para piano y violín, encontramos una tendencia de la música europea como el posromanticismo o el impresionismo.En la segunda y tercera década de 1900 nacen en Jalisco compositores que gozan actualmente de fama internacional. Manuel Enríquez (Ocotlán), Hermilio Hernández (Autlán) e Higinio Velásquez (Guadalajara) quienes se iniciaron en esta ciudad con maestros como Ignacio Camarena, Manuel de Jesús Aréchiga y Domingo Lobato. Enríquez y Hernández fueron parte de los primeros músicos que tras el nacionalismo adoptaron una postura hacia la universalidad de la expresión musical contemporánea, camino que han seguido la mayor parte de los creadores de la segunda mitad del siglo XX.

Estas características de la música contemporánea son poco comprendidas en nuestro medio, ya que el público se encuentra entre el torbellino de la música comercial que suena a modo de capricho en los medios de comunicación, además del poco interés de las instancias educativas por profesionalizar la formación musical en las escuelas. Por último tras más de cinco centenarios de historia musical, los problemas actuales de los compositores se encuentran en el afán por descubrir nuevos timbres instrumentales, así como nuevas técnicas que conduzcan a resultados sonoros novedosos.

La danza y los diferentes elementos que la integran es una de las principales manifestaciones del espíritu artístico y cultural de cualquier pueblo a nivel mundial. Esta disciplina forma parte de la cultura de los pueblos primitivos y en muchas ocasiones es la única manifestación artística.

En México, desde antes de la llegada de los españoles, se generaron ritos o danzas en los que los pueblos transmitían sus costumbres, tradiciones y cultura. Durante la evangelización, los religiosos trataron de desaparecer tal costumbre, ya que creían que se trataba de una manifestación pagana. Al tratar de desaparecerlas se toparon con la problemática del gran arraigo que tenían, por tal motivo los religiosos decidieron adaptarlas al cristianismo y así darles nuevos significados que los ayudaron al proceso de mestizaje espiritual que en el momento se estaba dando.

Las danzas de todas las regiones de la república mexicana muestran la imaginación de sus pobladores, ya que fueron modificando sus tradiciones dancísticas por cuestiones de apariencia, modificaciones que hasta el momento se siguen dando, pero que en sus pasos y movimientos conservan su antigüedad.Muchos pasos que ejecutan en la actualidad son herencia de la época precortesiana, al igual que el vestuario que se utiliza para bailar. La ropa que utilizan está hecha especialmente para cada baile, y hasta la fecha conservan las adaptaciones de los ropajes y adornos de la antigüedad. Las danzas que actualmente se pueden apreciar en diferentes pueblos del país, son testimonio de lo que se bailaba en el pasado, pero eso no quiere decir que se hiciera igual, ya que es muy difícil y complejo conocer en su totalidad el fenómeno de la danza y sus bases.

Aunque es de mencionar que muchas de las danzas conservan sus bases a pesar de la evolución de los pueblos y costumbres.Para la ejecución de las diferentes danzas fue, y es necesario, el acompañamiento musical. Para esto se utilizaban instrumentos que a la fecha pueden considerarse primitivos de los indígenas. De estos instrumentos todavía se siguen utilizando algunos de percusión como el tambor de diversos tamaños y formas, uno de ellos el teponaztli (tambor azteca, hecho de un tronco hueco con dos lengüetas que se hieren con palillos).

Asimismo se utilizan algunos instrumentos de aliento, uno de ellos la flauta de carrizo o de barro.La importancia de las danzas en México recae en las costumbres de cada región, en algunos sitios han desaparecido por completo tal es el caso del istmo de Tehuantepec y la península de Yucatán, pero en otras como la zona central de la república las danzas continúan. En el norte los indígenas que siguen practicando danzas antiguas son los huicholes, los coros y los yaquis.Cabe recordar que aquellas danzas que conservan el espíritu indígena pueden durar horas y hasta días enteros, además son de gran colorido, se pueden observar plumas, túnicas, brazaletes, rodilleras, tobilleras, huaraches, grandes zapatos modernos y camisas, características de los bailarines que las ejecutan.

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